Mi primer viaje en tren, así conocí Lugano
Era el invierno más frío en Italia desde 1983, curiosamente el año en que yo nací, me había enfundado abrigo, guantes y boina con una emoción que no recordaba haber sentido desde que una vez cogí una mantis religiosa con mis manos sin que me picara.
Había decidido ir desde Roma a Brescia, ¿por qué Brescia?, no lo sé, imagino que era porque sabía que allí se había encontrado uno de los reductos comunistas más insistentes durante la dictadura de Mussolini, y como mi color predilecto es el rojo pues estaba claro mi destino.
Llegué a la estación de tren de Termini, ese lugar que cumple con la frase hecha de "todos los caminos llevan a Roma". Era la primera vez en mi vida que iba a tomar un tren yo solo. Estaba emocionado, y quien me conoce sabe que me emociono con las pequeñas cosas.
Aquello era enorme, pero era hasta cierto punto decepcionante. Mi ignorancia esperaba ver a un señor con un silbato gritando algo parecido a "passeggeri sul treno!", a gente subiendo con el tren en marcha, o a personas corriendo por las vías y tirando besos volados a los que se marchaban.
¡Ni hablar! Nada de eso. Primero tuve que comprar el billete en una máquina expendedora, consulté en un panel gigante (que me gustó porque las letras eran rojas) el andén del tren destino a Brescia, y cuando subí las escaleras me encontré con una marabunta que sospechaba que habían matado al señor que tenía que gritar "passeggeri sul treno!". No veía a nadie correr cerca de las vías, tal vez era suficiente ejercicio físico los empujones para llegar hasta el andén. Tampoco ví ni un beso volado, quizás sea que la gente ya no los manda por si acaso un extraño lo coja al vuelo y se lo quede para sí.
Llegué con mucha antelación, así que desde que se abrieron las puertas de aquel tren que iba a cruzar el país desde el centro hasta el norte, me subí el primero. Mi billete estaba numerado, pero no me dí cuenta de eso hasta que no entré en el vagón. Mi billete ponía que el vagón era el 8, subí la vista y ví un número que nunca me había disgustado tanto, el 1. Me tocaba caminar hasta el vagón 8, pensé en salir del tren para llegar hasta el vagón que me pertenecía por el andén, pero mi ignorancia se conjuró con mi mala idea y me dijo: "no salgas, a ver si la marabunta va a soltar al señor del silbato y te va a pedir el billete". Así que me pateé todos los vagones.
No estuvo mal el viaje, me pedí ventanilla para que la vibración del cristal me masajeara las ideas y para no perderme detalle del paisaje, y cuando el tren llegaba a una estación se encendía una luz roja que me hacía sonreír porque el rojo es mi color favorito y porque me emociono con las pequeñas cosas.
Mirando el paisaje se me pasó el viaje en un tris, que debe ser una medida de tiempo muy rápida. Al fin apareció el señor del silbato, me dijo "biglietto" y le dí el billete, no debió gustarle, porque me lo devolvió con un agujero. Después pensando llegué a la conclusión de que aquel señor huyendo de la marabunta se escondía dentro de los trenes y agujerear los billetes era su venganza, una pena, con lo romántico que era su trabajo antes de la superpoblación.
El día en Brescia aunque frío estuvo muy bien, ví todo lo que quería y más. Pero tocaba volver, al día siguiente tenía que trabajar por la tarde y llegaría a Roma a primera hora de la mañana. Por suerte, yo previsor, había mirado el horario de salida del tren destino Roma a la salida de la estación. Compré el de las 22:00, tenía tiempo de sobra para visitar la ciudad.
Me había entretenido sacando fotos al paisaje y hablando con unos españoles que vivían allí, cuando miré el reloj eran las 21:00, tocaba correr hacia la estación que estaba ¿dónde?. Tenía un mapa de Brescia, estaba seguro, pero los nervios y el frío (6 bajo cero) lo debieron esconder en algún lugar de mi mochila. No había tiempo para lamentarse, ¡a correr!.
Tras haberme tragado todo el frío de Italia por correr con la boca abierta recordé las sabias palabras que mi madre me decía cuando era pequeño "cierra la boca que hace corriente".
21:30, hay tiempo, puedo ir a la hamburguesería y comprar algo para el viaje. Hice la cola, fui a pedir, tuve que hacerlo por señas ya que me dolía tanto la garganta que no podía hablar. 21:55 no había tanto tiempo, tocaba correr otra vez. No había marabunta, y en el andén de un tren a punto de salir brillaba una luz roja que venía a decir lo que al señor del silbato le tocaba "passeggeri sul treno!". Llegué unos 30 segundos antes de que cerrara la puerta, menos mal porque si no tendría que haber esperado 2 horas.
Busqué mi vagón, mi asiento, mi hamburguesa y apoyé la cabeza contra el cristal para masajear mis ideas. Me dormí porque de noche no se veía el paisaje y porque con el estómago lleno me entra sueño. Sólo quedaba esperar a Termini o a que el señor del silbato se vengara otra vez de todos los pasajeros.
Me despertó el señor del billete, pero en vez de pedírmelo me dijo que me bajara. Estaba indefenso, no tenía voz, así que bajé. Era de noche, pero... ¿cuándo le han salido a Roma esas montañas tan altas?, ¿cómo han hecho los albañiles para hacer tantas obras en Termini en tan poco tiempo?, ¿en una noche Suiza invadió Italia y puso sus banderas en las estaciones de tren?. Mi ignorancia contestó a todas las preguntas cuando ví escrito Lugano en un cartel.
Allí estaba yo, en un país con una bandera de color rojo (que ya no me gustaba tanto) con una cruz blanca en medio, sin voz, sin dinero, con frío y con un billete sin agujero. En la estación expliqué como pude lo que me había pasado, y los empleados se apiadaron de mí dejándome coger el tren que saldría a las 7:00 del día siguiente.
No sé decir como era Lugano ese día, porque aunque dormí en la calle tenía demasiado frío para fijarme en el paisaje. Lo que sí sé es que para la próxima llegaré con más antelación antes de viajar.

Comentarios
jajajaja me gustó. Un
jajajaja
me gustó. Un primer viaje en tren en mayúsculas: saliendo de Roma, tragando aire italiano y con destino espontáneo...¡no se puede pedir más!
Para la próxima, te llevas tú el silbato y lanzas algún beso volado y así...pack completito.
Un viaje en tren es
Un viaje en tren es maravilloso y más vestido de rojo... Muy muy bueno.
Me ha pasado tener que recorrerme todo un tren en busca de mi vagón, supongo que la falta de costumbre...
Me encantaría ir a Italia, descubrir sus paisajes y lugares tanto en tren como a pie, pero ya sabes...me han truncado mi viaje, un año más... Periodista, herida.
El viaje fue único como
El viaje fue único como tú. Jjajajaj. El viaje de aventura es lo tuyo.
Que cosas!! Fuerte chico
Que cosas!! Fuerte chico éste en el que un día con el pude convertirse en una disparatada aventura, y hablo con conocimiento de causa... Gracias por alegrarnos la vida con tus cosas.
Muy bueno tu relato; debo
Muy bueno tu relato; debo decirte que conozco la estacion de Lugano en el Ticino Suizo.Conociendo la estacion considero que no habra sido para tanto el crujir de dientes ya que la estacion cuenta en el anden del centro, ( son tres en total), tres grandes cabinas para espera con calefaccion; unos radiadores que estan al costado de los asientos y te calientan bastante...
Un abrazo; no te quejes, Lugano es uno de los lugares mas hermosos de Suiza.
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